España no perdió porque le pesó la responsabilidad ni tampoco porque no creyera en sus posibilidades, sino por la calidad del rival. Estados Unidos, que cedió ante las de Oca un empate en la primera fase, aprendió la lección, tiro de físico y de oficio y se llevó el partido.
A pesar de la derrota, la plata es el triunfo del método, de creer en sus propias posibilidades y de engrandecer sus cualidades. De echar por tierra los prejuicios, de acabar con los pronósticos y de pensar en positivo con independencia del rival a las que se midan.
Dice Miki Oca que no es el responsable de ese carácter ganador en el que se instalaron sus chicas desde hace poco, pero para ellas su técnico es el espejo en el que se miran. Un tipo al que veneran, un campeón olímpico, un entrenador que les llevó a lo más alto cuando ellas difícilmente podían sacar la cabeza en la elite.
A pesar de la derrota, este equipo puso a España en el mapa del waterpolo femenino mundial, toda una revelación, una declaración de intenciones para lo que se viene en un equipo con tan solo 23 años de media.

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