Esta manifestación de la cultura física, indiscutiblemente se convierte en uno de los hechos noticiosos más trascendentes y nobles que impulsa la humanidad, y cuya difusión cobró –como se esperaba– un despliegue acorde con los adelantos de la tecnología. Debemos admitir que las olimpiadas que cerraron el telón en las últimas horas, se introdujeron con fuerza hasta en los hogares más humildes de Bolivia, de América y de los otros continentes.
En línea con esta apreciación, por ejemplo, nos permitimos mencionar que el nadador estadounidense Phelps pasa de ser un mito a toda una leyenda, porque éste personaje confirmó que se trata del mejor atleta de la historia con sus 22 preseas doradas cosechadas a partir de Atenas 2004.
Saludamos también el esfuerzo desplegado por nuestros deportistas que en número reducido (cinco) dieron su mejor esfuerzo, y demostraron estar preparados para sobreponerse a muchas limitaciones, y pese a ello, no traicionaron a la esencia fundamental de las olimpiadas: competir en el deporte.
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