jueves, 26 de julio de 2012

“Londres espera al mundo”

Lord Coe, barón de Ranmore y Surrey, más conocido simplemente como Sebastian Coe, es un ganador nato, ya sea en el deporte, en la administración, en los negocios o en la política. Lleva la competitividad en la sangre, y está convencido de que los Juegos Olímpicos de este verano van a ser un éxito incuestionable, que mostrará al mundo el espíritu de Londres como una ciudad diversa, abierta, moderna y multicultural, con más de trescientos grupos étnicos que hablan dos centenares de idiomas.

De pequeño, Sebastian Coe –hijo de inglés e india, que vivió de niño en el país asiático– no se atrevió a pronosticar que un día ganaría cuatro medallas olímpicas (dos de oro y dos de plata) y rompería doce récords mundiales de atletismo; pero, en cambio, sí tuvo la valentía, la arrogancia, o como se le quiera llamar, de convencerse a sí mismo de que podría llegar a primer ministro. La política siempre le fascinó, y no fue una sorpresa cuando se metió de lleno en ella para cubrir el vacío que dejaba el deporte.

Es multimillonario, dueño de una cadena de gimnasios con más de 20 mil socios y “embajador internacional” de la firma Nike. Tiene cuatro hijos de su primer matrimonio. Es hincha del Chelsea y dueño de una fabulosa colección de discos de jazz. Y para cuando el proyecto de los Juegos se acabe, en agosto, ya tiene enfiladas nuevas metas, como por ejemplo ser miembro del Comité Olímpico Internacional.

La palabra “crisis” aparece inevitablemente en cualquier entrevista a Sebastian Coe. La capital inglesa ya albergó los Juegos de 1908 y 1948, justo después de terminada la Segunda Guerra Mundial, en un ambiente de enorme austeridad, y ahora vuelve a hacerlo tras la explosión de la burbuja financiera, en el canto del cisne del capitalismo neoliberal puramente especulativo. “La situación no nos ha hecho cambiar de planes, pero sí nos ha obligado a ser especialmente responsables y hacer un proyecto sostenible, ajeno a los despilfarros y que deje un legado a la ciudad –señala Coe–. Los Juegos no iban a ser en cualquier caso grandilocuentes sino pragmáticos, porque es cierto que atravesamos la peor situación económica desde 1976.

Lord Coe piensa que cada Olimpiada es completamente distinta, tiene objetivos distintos y cosas distintas que demostrar, y en ese sentido Londres carece de la presión que tuvieron Pekín o Moscú para establecer a sus respectivos países como superpotencias, capaces de organizar unos Juegos de manera tan eficaz y esplendorosa como Estados Unidos.

“Queremos que la experiencia sea memorable –explica–, pero no se trata de una cuestión de poder o grandilocuencia, sino de participación de la gente, de interesar a los jóvenes por el deporte, de respetar el medio ambiente, de regenerar zonas de la ciudad, de construir instalaciones que sean útiles en el futuro. Ese es el desafío.

El deporte cambia vidas, abre puertas, combate la exclusión y la discriminación, da confianza en uno mismo, enseña a respetar a los demás. Ese ha de ser el legado de Londres 2012”.

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