lunes, 9 de julio de 2012

Londres 1948 recibió unos Juegos austeros

Después de la suspensión de dos ediciones, previstas para Tokio y Helsinki, los Juegos Olímpicos volvieron a disputarse con el final de la II Guerra Mundial. Por el estado de pobreza generalizado en Europa, la prioridad era reparar las destrucciones de la guerra. En la sede londinense, los atletas vivieron con una frugalidad espartana -el apoyo de los Estados Unidos en el suministro de alimentos fue fundamental- y no se construyeron nuevas instalaciones, sino que se aprovecharon las ya existentes, como el estadio de Wembley y la piscina Empire Pool.

Para residencias de atletas se habilitaron colegios y antiguos cuarteles militares.

Como después de la I Guerra Mundial, Alemania y Japón, los derrotados, no participaron, si bien tampoco estaban en condiciones de hacerlo.

La URSS declinó tomar parte en los Juegos. Sí lo hicieron algunos de los países situados tras lo que luego se llamó el “Telón de Acero”, con regímenes comunistas, aunque algunos de los miembros de sus delegaciones aprovecharon los Juegos para abandonar el país. La guerra había causado muchas víctimas en el movimiento olímpico. Sólo dos atletas, la esgrimista húngara Ilona Elek y el palista checo Jan Brzak, lograron revalidar sus títulos de 1936.

Los asistentes

Se consiguió, pese a la no invitación de Japón y Alemania, una cifra récord de países participantes -en gran parte debido a la independencia de las colonias británicas: 59 naciones, entre las que debutaron Bulgaria y Rumania-. En total asistieron 4.099 deportistas, de los que 385 pertenecían al sexo femenino. Las pruebas volvieron a ajustarse al formato de dos semanas, del 29 de julio al 14 de agosto, y en el calendario se contaron con 136 pruebas en 17 deportes oficiales.

La primera transmisión

Por primera vez la ceremonia de inauguración fue transmitida en directo por televisión, aunque muy pocas familias inglesas poseían un aparato receptor en aquellos aciagos días. Como era de esperarse, los Juegos fueron bastante pobres en cuanto a marcas. La guerra y los 12 años de paréntesis fueron letales. Así las cosas, sólo se batieron diez récords olímpicos en las pruebas sobre la pista de atletismo.

Las estrellas de la competencia

Dentro de los deportistas destacados encontramos a la holandesa de 30 años Francine Blankers-Koen, quien emuló a Jesse Owens y se hizo con el oro en cuatro pruebas, los 100 y 200 metros planos, los 80 metros con vallas y el relevo 4x100. También sobresalió el checo Emil Zatopeck, apodado “la locomotora humana”, quien en estos Juegos impuso la marca mundial de los 10.000 m, y además consiguió también la plata en los 5.000 m. Para este corredor de Checoslovaquia, estas medallas marcarían apenas el principio de una brillante trayectoria olímpica; la culminación vendría cuatro años más tarde en Helsinki, donde ganaría los 5.000, 10.000 y el maratón, consagrándose en uno de los mejores.

Además despuntó el decatlonista Bob Mathias, californiano, quien a los 17 años de edad, y después de ser un completo desconocido hasta el momento, se convirtió en el varón más joven en la historia del olimpismo en ganar una medalla dorada, título que por cierto repetiría en 1952; Mathias, a semejanza de Weissmuller, pasó de las pistas a la escena cinematográfica y de televisión, además fue capitán de barco y político durante tres legislaturas.

Por su parte, Malvin Whitifield, atleta americano aunque de sangre norteamericana, mexicana y francesa, con 23 años, logró el oro en 800m, el bronce en 400m y el oro por equipos en el 4 x 400. Esta última la volvería a conseguir cuatro años después.

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