Durante los siguientes 36 años, controversias políticas aparte, la participación de los estadounidenses y la potencia socialista sería un asunto inexcusable para la historia olímpica.
La cita en Helsinki, con todo, comenzó con una venganza: el mítico Paavo Nurmi introdujo la antorcha olímpica en el estadio. El atleta había sido expulsado de los Juegos en 1932 por ser profesional. En el palco estaba Avery Brundage, nuevo presidente del Comité Olímpico Internacional e implacable perseguidor del profesionalismo.
Al delegado no le sentó nada bien la aparición de Nurmi, pero no tuvo más remedio que aceptarlo.
Los escenarios
Al estadio, de 70.000 espectadores, se añadió una Villa Olímpica con capacidad para 6.000 atletas (con sectores masculino y femenino) y una instalación secundaria, a ocho kilómetros de distancia, para los atletas soviéticos, rodeada en este caso por alambres de espino y con guardias.
Hungría aparece como potencia en el fútbol
El protagonista de los Juegos volvió a ser Emil Zatopek, que ganó los 5.000, 10.000 metros y el maratón, en su debut en la distancia. El gimnasta soviético Viktor Chukarin inició el dominio de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en la modalidad, con cuatro oros. Hungría ganó el torneo de fútbol con uno de los mejores equipos de todos los tiempos, pero que cuatro años después caería en la final de la Copa Mundial. En el mismo, Puskas, Kocsis, Czibor, Hidegkuti, Bozsik y otros.
En Helsinki se registró un nuevo récord de participación tanto en número de países como en total de deportistas: 69 naciones que aportaron 4.925 atletas, de los cuales 518 eran mujeres. Además, los deportes oficiales ascendieron a 17, con 149 eventos. El calendario, una vez más programado para dos semanas fue establecido entre el 19 de julio y el 3 de agosto.
La política también compitió
El Gobierno soviético buscaba convertir los Juegos en una herramienta de propaganda, pero no quería contactos entre sus atletas y los del mundo occidental. Sin embargo, en la final de salto con pértiga el estadounidense Bob Richards, que era sacerdote, felicitó a los competidores soviéticos, éstos respondieron al saludo y a partir de ahí se rompió el hielo y los deportistas de ambos bloques confraternizaron libremente. Al menos, en las pistas.
La participación soviética
Rusia comenzó a brillar en las pruebas inaugurales. Alexander Anoufriev, tercer lugar en la prueba de los 10.000 metros planos, fue el primer medallista soviético de la historia mientras que en la prueba de los 400 metros se impuso un atleta de nombre Lituyev.
Pero quienes particularmente llamaron la atención fueron sin duda las gimnastas soviéticas que ganaron fácilmente la competición por equipos, dando inicio así a una racha que perduraría durante 40 años, hasta la ruptura de los estados que conformaban la Unión Soviética en 1991. Al final de estos juegos, los soviéticos ocuparían el segundo lugar del medallero, lo que marcaría el inicio de la estrecha rivalidad con los norteamericanos.
Helsinki trajo también la novedad de que se autorizó a una mujer a competir en contra de hombres. Se trató de la jinete Lis Hartel, de Dinamarca, quien ganó medalla de plata no obstante tener paralizadas sus rodillas debido a que padeció poliomielitis, y por lo que debía ser asistida para montar su caballo. A su vez, Lars Hall, un carpintero sueco, fue el primer civil (participante no militar) en ganar el primer puesto en el pentatlón moderno.
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