El síndrome de los atentados terroristas vuelve a planear sobre los Juegos Olímpicos, más que nunca en el umbral de la cita de Londres 2012, pese a que los dispositivos de inteligencia británicos se muestran confiados. La participación directa del Reino Unido en misiones militares en Afganistán, Iraq y más recientemente en Libia, además de su animosidad con Siria en la actualidad, colocan a la sede olímpica en la mira.
Del 27 de julio al 12 de agosto, la XXX Olimpiada de Verano será el centro de atención mundial con la presencia de 204 Comités Olímpicos Nacionales, más de 17 mil deportistas, una legión de 10 mil voluntarios, 6.200 periodistas de prensa escrita. Además, alrededor de cuatro mil comentaristas, editores camarógrafos y productores de televisión, y, al menos, tres mil fotorreporteros. Por añadidura, se espera más de un millón de turistas. Con todos estos protagonistas, el ministerio de Defensa británico adelantó el estacionamiento de cohetes tierra-aire en seis puntos de Londres durante los Juegos, que calificó de imprescindibles dentro del plan de seguridad del evento. En el programa de seguridad se contempla la participación de 13.500 militares, un portaaviones que navegará por el Támesis durante todas las jornadas de las lides y un número no revelado de aviones cazas del Ejército listos para entrar en acción. Aunque el optimismo es la tónica del presidente del Comité Organizador de Londres 2012, Sebastian Coe, otro aspecto comienza a preocupar a los anfitriones: la lluvia, en un verano que promete temperaturas no muy cálidas.
Estamos listos para ofrecer unos Juegos excelentes, fueron las palabras tranquilizadora de Coe ante una andanada de críticas de la propia prensa británica, en especial por los temas de la inclemencia del tiempo y la seguridad.
240 millones de euros es la cifra que se pagará a la empresa G4S, encargada de la seguridad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario